ESCENA UNO:
Huele a leña. Asoma el aroma escondido entre otros muchos. Pero ahí está. Anuncia este perfume de brasas y rescoldos la llegada de los otoños frescos, de las noches más frías, de la colcha sobre la cama. Evoca otros lugares y otros tiempos en los que las puestas de sol eran todo ocre y naranja. Alude al cambio de ropa en los armarios, a las botas, a los jerséys de punto, a las chmarras, foulares, camisas de manga larga. Disfruto del otoño y de su temperamento cambiante. Es el primero que paso en Ojén.
ESCENA DOS:
Teresa me guarda siempre todos los periódicos dominicales: Sur, El País, el nuevo Público. Esta mañana también. Charlo con ella y me cuenta, cuando no hay mucha gente, esto o aquello. La vez que estuvo en Bilbao, el Guggenheim, el continente y el contenido. Hoy apretaba la clientela, así que ha sido un hola y adiós, casi. La veo moverse entre el barullo de los libros, las colecciones, las revistas, los deuvedés, los cedés, la cuadernería. Sonrío y me llevo mis periódicos con el nombre, Israel, escrito sobre la esquina superior izaquierda.
ESCENA TRES:
Bulle la villa. Se presiente la llegada de la feria, el próximo 8 de octubre, así las calles se acicalan y se visten de luces y de mantos verdes y blancos. El cartel luce en las paredes encaladas, la silueta de una flamenca contorneándose vestida de claveles. Antonia y yo coincidimos en pareceres, nos gusta. En poco más de una semana la Ojén recibirá el bullanguería de uan feria popular y rebosante. La disfrutaremos. En la página de mi vecino Diego, ojen.net, podeís leer el programa en detalle.
LA CANCIÓN: Una propuesta otoñal, para escuchar asomad@ a una ventana, con el volumen muy alto y un atardecer por delante.
Bitácora y cuaderno de viaje y andanzas. La vivencia de Ojén y Marbella, atalayas sobre el Mediterráneo. Punto de encuentro y foro común para los amig@s que en la vida tenemos.
domingo, 30 de septiembre de 2007
sábado, 29 de septiembre de 2007
AHORA, DESDE MI VENTANA
Así se ve la calle Rosal desde el alféizar de mi ventana. Son las 00:50 horas. Llueve despacio y continuo. Antonia duerme.
jueves, 27 de septiembre de 2007
MÁS ALLÁ DE LOS TÓPICOS
Di un paseo entre las callejas. Hará un par de días. Más allá de los tópicos, observaba el discurrir de la vida vespertina en Ojén. Pausada, consistente. Las puertas de las casas abiertas a la calle y en el interior, oscuro, refugio natural de calores, los salones pequeños y apretados con un sofá, un mueble, el altar para la televisión y un par de fotos familiares enmarcadas. Allí dormita un hombre con camiseta de tirantes, o teje patucos una mujer, o juega en el suelo un niño con juguetes viejos. Al pasar por delante de esas puertas, y anteponiendo la prudencia a la curiosidad, uno mira dentro furtivamente, nunca se asoma, y lo único que puede rescatar son pinceladas de vida sosegada. Se atisban unas escaleras que suben hacia el piso de arriba, muchas de ellas jalonadas de terrazos delicados, otras de basto encalado. Se intuye un patio dentro, o un bosque de plantas. L@s vecin@s se visitan y llaman a la puerta de madera con aldabas de bronce, o de hierro, o de madera, o a viva voz con un - Manoooliii... Sigo el paseo y rescato la luz de esas calles quebradas aquí y allá, adornadas de macetas de flores. Más allá de los tópicos, Ojén es uno de esos pueblos blancos de pasado remoto que desafía al mar oteando las mareas desde su altura.
martes, 25 de septiembre de 2007
LA NANA REVOLUCIONARIA
Hace años, Juana me cantaba esta canción en el momento de dormir. Hoy, esta noche, asomado a la ventana la he recuperado de la memoria. Aplaca todos los demonios y como nana revolucionaria que es, que fue, los ahuyenta para crear un sueño mejor. Me gusta compartirla desde Ojén y saber que hoy, que mañana, se podrá escuchar en Barakaldo y en Bilbao y en Madrid y en Londres y en Marbella y en Donosti y en Barcelona y en Amsterdam y en Canadá y en Getxo y en Valencia y en Amurrio y en Fuengirola y en Santander y en Santiago y en Derio y en Alcoi y en Lugo... Duerme Negrito, Víctor Jara.
EL CUBO AZUL
Recupera Ojén su pulso habitual. Así, transforma su cara muchas mañanas. De apacible pueblo de calles y casas encaladas a tráfago impenitente de camiones. Obras y obras, El Chifle y la parte alta del Castillo ven discurrir camiones volquete, cubas, hormigoneras, bombas de cemento, furgonetas de todo tipo y color. Resignación ante la que se transforma en la música matinal cotidiana. Veo, de nuevo, al hombre. Jersey verde con abotonadura marrón, pantalón gris, camisa beige, sombrero de ala corta. Lleva, como siempre, su cubo azul recogido en el codo. Sube calle Rosal arriba y se pierde. Sortea por el camino un enorme camión bomba que surte de cemento a la construcción de una vivienda. Saluda con un gesto de cabeza a algunos de los trabajadores y sigue su caminar. El viernes, día del granizo. Le vi recorrer su camino más o menos a esta hora, un poco antes quizá. Vi su regreso. El cubo azul rebosaba de bolas blancas, inmaculadas, redondas, duras. El hombre sonreía ante su recolecta. No le veo sonreir habitualmente. Esta mañana, digo, ascendía la calle. Desconozco qué traerá en su cubo azul.
sábado, 22 de septiembre de 2007
ESTALLARON
Estallaron. Sólo en diez minutos estallaron. Parecía que un ejército de monos locos daba martillazos en los cristales sin descanso, con furia incontenible, con cierto anhelo de venganza para que no olvidáramos el temor atávico del ser humano ante los poderes de la naturaleza. Qué insignificantes. Eran las ocho y venite de la mañana, y era noche cerrada. Durante todas las horas previas el cielo había ido derrumbándose sobre Ojén. Sistemático, implacable. Primero una tormenta seca con truenos prolongados sierra arriba, con el cielo cuajado de rayos imposibles que alimentaban el hambre de los pararrayos.
Después la lluvia intensa una y otra vez y paro, una y otra vez y paro, una y otra vez y paro, con esas gotas demenciales golpeando las ventanas. Después la hecatombe. Sin previo aviso, sin un aumento progresivo de la inestabilidad meteorológica ya manifiesta. Granizos grandes como puños. Llegaron y, así, estallaron los cristales. Estallaron con un estrépito apocalíptico, con un ruido ensordecedor que ocupaba cada rincón de la casa, que se clavaba dentro, profundo. Las habitaciones, la sala, todo retumbaba y crujía y se retorcía hasta que uno empezó y los demás le siguieron. Craaaaack, crack, craaaaaaaack, PLANC. PLANC.
Sin condiciones, a golpes secos. PLANC. Antonia y yo nos refugiábamos en la esquina de la cocina, mientras todo estallaba. Observábamos el apocalipsis blanco de granizo a través de la única ventana frontal e intacta, en la distancia, como si no fuera con nosotros. El resto de ventanales, los veluxes, los que nos abren el cielo cada mañana había estallado. Sus cortinas interiores engordaban con el peso del agua y de los cristales (dobles) destrozados. Eso lo vimos después, cuando el ejército de monos locos huyó camino de la sierra y el ruido ensordecedor dejó paso a una calma inestable de lluvia fina, para desaparecer después.
Todos los cristales de la casa rotos, los cuatro veluxes del techo destrozados, las cortinas duras aguantas inflamadas. Levantamso el teléfono y comenzamos a llamara todo el mundo. Fue un día largo ayer. Empezó con un estallido, PLANC, a las ocho y veinte de la mañana y terminó con una ducha caliente catroce horas despues. Hoy luce el sol.
NOTA: El ayuntamiento de Ojén ha solicitado a las vecin@s de la Villa que realicemos un parte de daños acompañado de fotografías para poder reclamar a instituciones supramunicipales. Conocemos de muchas ventanas rotas, bajos y garajes inundados, coches abolllados y con las lunas destrozadas, tejados agujereados. No se habla de otra cosa.
NOTA: Gracias Carlos y Juanma por vuestra compañía y ayuda; amigos. Gracias Benito por las fotografías y las informaciones a primera hora. Gracias familia y amig@s por vuestro interés. Hoy celebramos tu cumpleaños Eva, con o sin fiesta toga.
jueves, 20 de septiembre de 2007
OTOÑO OJENETA
Ha refrescado. No veo aún hojas caídas por sobre las callejas sólo la niebla que oculta los cerros. Ni a la tierna melancolía de esta estación acechando tras las esquinas. Sólo observo niños despistados que juegan entre las obras de las casas a medio construir, gatos perezosos que se esconden en los bajos de un coche, a la mujer enlutada con un chal, igual negro, cubrinedole los hombros, un tibio aroma a caldo de pollo en el Paseo del Castillo y el sonido de una olla express que lo vaticina, más luces encendidas en las encastilladas casas del Chifle, los toldos recogidos en las terrazas, a mi vecino, Fernando, colocando un balancín en su terraza, a una muchacha con una cajón de ropa saliendo de un garaje, a los macarrillas adolescentes con la piel erizada bajo las mangas de su camiseta de colores, moto scooter parada, a dos deportistas abrigados bajo una sudadera blanca... Llega así el otoño a Ojén y con él la cocina de cazas y setas, de conservas artesanas, de alcachofas, calabazas y calabacines, los primeros aguacates para el realizar el mexicano guacamole de Iris... Llegan los perfumes de los primeros fríos y la necesidad de calentar la punta de los pies... Disfruto con este otoño ojeneta, más benévolo y plácido que el del norte, algo menos colorido, pero repleto de matices dispuestos a ser descubiertos... Me acompaño aquí y allí con las mismas músicas, con dos mastros: Miles Davis y John Coltrane, juntos, la trompeta del cool jazz y el saxo tenor del hard bop... Tocan... Autumn Leaves...
miércoles, 19 de septiembre de 2007
OJÉN, OTRA VEZ
Imagino ese Ojén entre neblinas. Las farolas anaranjadas formando arcoiris en la noche, el aire fantasmal entre los silencios y las sombras, los olores sordos y penetrantes que se amontonan, el paisaje ensombrecido, los sonidos apagados, un perro que ladra, otro que aúlla. Imagino ese Ojén entre neblinas que esta noché veré otra vez, justo tras una curva.
lunes, 17 de septiembre de 2007
MOTORISTAS EN OJÉN
Yo les he visto. En grupos de tres o de cuatro. Sobre el puente que cruza la autovía. Montan a horcajadas sobre sus caballos relucientes. Coloreados los tanques de gasolina, los cascos, los monos, las protecciones. Lucen como extraídos de otro tiempo, como de una de esas películas que Peter Hyams firmó en los años setenta. Parecen pilotos del espacio. Se colocan en esa parrilla tan real como imaginaria y aprietan la maneta del gas a tope. Se les ve salir como una exhalación, como una mancha sobre el asfalto, con ese silbido silencioso que estalla cuando te rebasan. Y así llegan hasta los llanos de Puzla o hasta Coín, sumiendo en un caos de estrépitos a los vehículos apacibles, a los conductores sensatos, a los automóviles precavidos. Adelantan a uno a dos a tres en una alarde de falsas hombrías. Luego tomarán una cerveza y comentarán la jugada, la cara aterrorizada de ese hombre de campo que conducía la Express roja o la expresión de horror que tenía esa mujer extranjera que desafiaba las curvas subida a su Picanto. Y reirán y se mofarán de los pobres inhábiles mortales que respetamos las normas de circulación, que mostramos prudencia debida con el resto de conductores, se pondrán medallas de velocidad y se creerán dioses por un día. No saben, quizá, que también se muere de endiosamiento.
Escucho hoy en la cadena SER el nombre de Ojén. Programa de grandes audiencias, Hoy por Hoy con Francino.
Motos, motoristas, carreras, carreras clandestinas, derrapajes, caballitos a eso se asociaba el nombre de la Villa, y se apuntaba que era esta subida Marbella- Ojén - Coín una de las citas habituales de los motoristas brutales. Yo los he padecido. En el espacio cibernético existe una pgina dedicada a los vídeos. De sobra conocida. You Tube. Pues bien si uno introduce en la búsqueda la palabra Ojén, no se encontrá con las casas encaladas y los pasados moriscos, sino con la velocidad ramplona de los motoristas suicidas. Haced la prueba. Podéis pinchar AQUÍ para comprobarlo.
Justos por pecadores, la parte por el todo. No hace falta subrayar que, afortunadamente, detrás de muchos cascos sigue existiendo cerebro.
Escucho hoy en la cadena SER el nombre de Ojén. Programa de grandes audiencias, Hoy por Hoy con Francino.
Motos, motoristas, carreras, carreras clandestinas, derrapajes, caballitos a eso se asociaba el nombre de la Villa, y se apuntaba que era esta subida Marbella- Ojén - Coín una de las citas habituales de los motoristas brutales. Yo los he padecido. En el espacio cibernético existe una pgina dedicada a los vídeos. De sobra conocida. You Tube. Pues bien si uno introduce en la búsqueda la palabra Ojén, no se encontrá con las casas encaladas y los pasados moriscos, sino con la velocidad ramplona de los motoristas suicidas. Haced la prueba. Podéis pinchar AQUÍ para comprobarlo.
Justos por pecadores, la parte por el todo. No hace falta subrayar que, afortunadamente, detrás de muchos cascos sigue existiendo cerebro.
viernes, 14 de septiembre de 2007
LOS 15.000 DE OJÉN
Teje y teje la red de redes. Teje compromisos de siempre y teje compromisos nuevos. Teje conocimientos, sabidurías populares, tradiciones. Teje el aroma nuevo de los horizontes y la luz de los nuevos lugares. Teje proyectos y contactos, teje de lluvias y de soles los paisajes. Teje y teje. Teje un panorama nuevo de luz azul y espumas, teje pinsapos sobre las laderas de los montes y teje cruces negras en sus cimas. Teje brasas reconfortantes y parrandas de babacoa. Teje lluvia sobre los veluxes, relampágos sobre los cerros, sueños sobre los sueños. Teje cafés humenates en el alféizar y teje viajes imaginarios. Teje fotografías, recuerdos, vídeos, escaneados. Teje contactos virtuales y reales, teje lugares comunes y lugares insospechados, teje rutas gastronómicas, cervezas en una plaza. Teje y teje la red de redes. Teje y teje hasta l@s 15.000. Gracias.
jueves, 13 de septiembre de 2007
TORMENTA II
Esquivos, serpentean por el cielo los relámpagos. El cielo se abre y continúan tronantes los truenos en Ojén. Digo que el cielo se abre y cae la lluvia en goterones inmensos que ya no repiquetean, si no que golpean sobre los veluxes. Temo por el artífice que hace posible esta conexión cibernética, la pantalla tiembla y chisporrotea a cada relámpago esbozado en el aire. Ahora mismo, 11:48 de la mañana, la calle Rosal de Ojén se ha transformado en una pequeña torrentera. Los trabajadores de la obra, un poco más arriba, se refugian bajo las vigas. La tormenta se sitúa justo sobre nosotros y el cielo se rompe en estrépitos de cristalería destrozada. Dura, gris, negra, ruidosa la borrasca personifica el temor atávico, primitivo, del ser humano y en estos momentos, sobre todo a la intemperie, no extraña que los antiguos le pusieran nombre de dioses. ¿Se va? El diluvio deja pasao al aguacero. El gris oscuros al claro. Suenan regueros de agua por los canalones.
NOTA: Falsa alarma. Ha regresado con fuerza incontenible la lluvia, escuchad.
NOTA: Falsa alarma. Ha regresado con fuerza incontenible la lluvia, escuchad.
miércoles, 12 de septiembre de 2007
TORMENTA TRONANTE
Como un Júpiter tronante atronaban los truenos desde el Cerro Ojenete. Tremenda escandalera de estallidos y lluvias que esta noche ha barrido los lodazales de la Villa como un viento vengativo. Un ruido de naturalezas desbocadas ha recorrido las calles, las esquinas, los recodos, lavando el rostro de Ojén, sus paredes encaladas. Ahora amenaza lluvia y se agazapa tras el Cerro Nicolás, límpido y cristalino, que hoy luce una corona de colores grises y azulados y azabaches. Resuena de nuevo la lluvia sobre los veluxes plinc-planc-planc-plinc-plinc-planc, despacio, lento, arrítmico. UN hombre mayor, pertrechado con jersey verde pistacho y gorra calada hasta las cejas anda parsimonioso y lento hacia el final de la Calle Rosal. En su mano derecha lleva una paraguas plegado, en su brazo izquierdo, colgado del codo, un cubo azul como el que usa Antonio para recoger los huevos de sus gallinas. El hombre camina despacio, a pasos cortos, pero decididos. Le veo llegar hasta el final de la calle, cuando el cemento cuarteado se transforma en barrizal. Le pierdo de vista. La temperatura no sobrepasa los 19ºc. Ha refrescado con ese frescor húmedo que se instala en los huesos y los convierte en serrín mohoso. Voy a tomar un buen café caliente para matar las nostalgias que en días como este me recuerdan a mi tierra.
martes, 11 de septiembre de 2007
NUEVA WEB SOBRE OJÉN
Desde Las Estaciones y Los Días quiero dar la bienvenida a un nuevo vecino en la red. La bitácora recibe el nombre Blog de Ojén y la podéis visitar pinchando aquí:
o en el enlace situado en la parte izquierda de esta página en la sección Miscelánea: red de redes.
Saludos a su responsable, Benito González, y bienvenido al ciberespaciojeneta.
o en el enlace situado en la parte izquierda de esta página en la sección Miscelánea: red de redes.
Saludos a su responsable, Benito González, y bienvenido al ciberespaciojeneta.
ESPEJISMO DE LLUVIA
Llovía anoche en Ojén y desde el suelo se elevaba el perfume hondo de la tierra mojada. Me recordaba a los plátanos y a los castaños de indias de mi barrio infantil, que olían dulce con la llegada de la lluvia. Provoca cierta sensación de irrealidad después del sol duro que angostaba aún más las esquinas de las calles. Parece que no está, que se evapora al sólo contacto con el suelo con el flissshsshsh de los tebeos. Aromatiza la lluvia todo lo que toca, reverdece las plantas decaídas, vigoriza los árboles asfixiados de calor, refresca la cal de las paredes incendiadas, estimula la piel de los hombres y asea la de los animales. Fue escasa y casi un espejismo, apenas hizo ruido al caer sobre los veluxes, pero asomado a la ventana disfruté de ese perfume evaporado que me trajo, de golpe, recuerdos de mi infancia... Eso sí, tras los pasajes evocadores llega luego la polvareda de lodazal que impregna los coches, las ventanas, los cristales... Así veo cómo una vecina se afana con la manguera sobre su terraza. En la mañana casi puedo asegurar que la lluvia de ayer noche fue, en efecto, sólo un espejismo.
lunes, 10 de septiembre de 2007
ANESTESIA
Parece que Ojén vive en un paréntesis. Una anestesia que se prolonga desde el fin del Ojeando hasta el comienzo de la feria en apenas un mes. La gente realiza sus labores cotidianas en la compra, en el paseo, en el trabajo, en el ocio, pero sin urgencias, sin demasiadas prisas, con la radio puesta a menor volumen y el caminar algo mas despacioso. Veo a la anciana enlutada, crespón blanco en el cabello, pasear hasta La Jaula con la mano apoyada en los riñones; al dueño del bar sin nombre descerrojar los pestillos de la puerta de su local con parsimonia; a la mujer rubia del Hostal Restaurante El Castillo barrer con cierta dulzura las esquinas de su terraza; al hombre adolescente, sin camiseta, encerar los cromados de su Puig Condor mientras apura el comienzo de las clases; a la niña ruidosa correr en pos de algo que no alcanza... Discurre todo con la calma anestésica de un tarde de verano caída a plomo (con la cámara lenta de Sam Peckinpah, decía hace unos días), aún y cuando las noches han refrescado. Nada parece bullir con los apremios habituales, es un ambiente un tanto abúlico. Me contagio y me vuelvo moroso en mis quehaceres matinales. Ya habrá tiempo de los cafés bebidos de un sorbo, por lo menos hasta que la Villa reacciones con la llegada de la parranda de la feria.
domingo, 9 de septiembre de 2007
NIEBLAS QUE DESCIENDEN
He visto a la niebla descender desde el Cerro Ojenete. Lenta, densa, suave, persistente. Todo lo engulle con una voracidad insaciable. Todo desaparece bajo su manto. Primero las retamas y los pinos bajos, luego algunos quejigos, después los caminos de tierra húmeda, más tarde la cornisa blanca de una casa, su tejado. Todo queda muerto a la vista, ceigas las miradas que se posan en ella. Observo cómo desciende. Desaparece la casa de Asun allá arriba y amenaza esa otra que tiene la terraza esférica, semicircular. Como un enorme algodón empapado de rocíos se sitúa, toma posiciones en su conquista. Ahora entiendo a Michael Ende cuando escribió La Historia Interminable y asemejó a La Nada con un vacío poblado de densas nieblas. Continúa su descenso. Y está tan cerca.
(COMENTARIO AÑADIDO 35min MÁS TARDE: Ya está aquí. Dos o tres jirones pasean al final de la calle Rosal).
(COMENTARIO AÑADIDO 35min MÁS TARDE: Ya está aquí. Dos o tres jirones pasean al final de la calle Rosal).
viernes, 7 de septiembre de 2007
OJÉN EN ARLES, Y VAN GOGH
Veo pasar Ojén a través de las ventanillas del coche. Un paisaje blanco movedizo, gris, verde, sobre el que se pintan las gentes inmóviles. El lienzo más cercano a mí se mueve deprisa, deprisa, deprisa, veloz y se dibuja a brochazos rápidos e inquietos. Se asemeja al Van Gogh de Arles, con esa intensidad de la luz dibujada a trazos. Asomo la mano por la ventana y dibujo formas en el aire como cuando era niño. Reduzco la velocidad, el tiempo se ralentiza un tanto. Van Gogh se transforma en el Monet de los primeros tiempos. Disfruto el verde de los naranjos y los limoneros sin fruto, el azul de las piscinas vacías de niños, el ocre de los campos secos y el marrón de la tierra agostada. Piso un poco más el acelerador y de nuevo Van Gogh. Las líneas de la carreteras se unen sinuosas y serpentean, serpentean... Entre las pinceladas amarillentas surge un borrón blanco aquí y otro allá... Las casas en el camino. Y un hombre que seca, despacio, el sudor de su frente. Un poco más adelante y escondidos entre las brochadas se ven a dos jovenes recogiendo agua en El Chorrillo, botellas transparentes y azules que aparececen como un borrón... Veo Ojén como un cuadro pintado por un loco que se cortó una oreja. Lo asemejo a aquel Arles que le provocó la inspiración y la ira contra el mundo. Aquí está el reposo transformado en un brochazo de urgencias. Saco la llave del contacto, todo se par. Sólo se escucha el canto monótono de las chicharras.
jueves, 6 de septiembre de 2007
FRESCO DE MADRUGADA
Se despereza la mañana ojeneta con penachos de niebla blanca y gris, como hilos de espuma, cubriendo los cerros y montañas que nos rodean. Pierde intensidad la corona de nubes según se desciende de las alturas y deja algunas hebras alojadas entre los matojos de jaras y quejigos. El cerro Nicolás, invisible y amenazante en su escondite grisáceo, contempla las escenas de los hombres aquí abajo, hormigas que se afanan en sus quehaceres cotidianos recorriendo sus faldas y estribaciones. Observo a una mujer joven, aferrado un foulard en su cuello, se lleva la mano a él y da dos o tres pasos rápidos, como queriendo alejarse de la niebla y el frío matinal. Y es que el fresco de la madrugada pellizca aún las hojas de hierbabuena de los alféizares y las recubre de pátina rociera, verde profundo y oscuro el de sus hojas. Parece huir el verano, tregua, ante las nieblas caprichosas de septiembre. Nos ofrece un respiro corto para regenerar el tacto y la piel. Lo agradezco.
miércoles, 5 de septiembre de 2007
CHARLES DE GAULLE PASEA POR EL REFUGIO DE JUANAR
Hace unos días Daniel me llamó por teléfono. Hablamos de algunas cosas triviales y cariños y después me dijo que había leído un artículo muy interesante sobre el General Charles De Gaulle en el magzine de El Mundo. Dicho artículo hacía una crónica extensa y exhaustiva sobre el paso del general francés por el Refugio de Juanar en el año 1970 y mencionaba que escogió este retiro en la Sierra de Las Nieves para escribir sus inconclusas memorias. No tiene desperdicio, os recomiendo su lectura sólo pinchando en el siguiente párrafo (un aperitivo de un reportaje mucho más extenso):
"La guarida del general De Gaulle Parapetado por unos montes que le guarecen del estruendo de la vecina Marbella, el Refugio de Juanar es un oasis de silencio en plena Sierra Blanca. Allí, entre pinsapos, pinos, faisanes y águilas culebreras, se recluyó en 1970 el general De Gaulle para escribir sus «Memorias». El hotel atesora una centenaria historia y una opípara cocina, aunque el general sólo comiera menú francés elaborado por su cocinero personal".Por Gonzalo Ugidos
Gracias Daniel, como siempre y por todo.
"La guarida del general De Gaulle Parapetado por unos montes que le guarecen del estruendo de la vecina Marbella, el Refugio de Juanar es un oasis de silencio en plena Sierra Blanca. Allí, entre pinsapos, pinos, faisanes y águilas culebreras, se recluyó en 1970 el general De Gaulle para escribir sus «Memorias». El hotel atesora una centenaria historia y una opípara cocina, aunque el general sólo comiera menú francés elaborado por su cocinero personal".Por Gonzalo Ugidos
Gracias Daniel, como siempre y por todo.
martes, 4 de septiembre de 2007
SUAVE RESACA
Es un tráfago suave, dulce, cadencioso. Casi se mueven las gentes a cámara lenta, como en una secuencia de Peckinpah. El parpadeo delicado, la voz serena, sin estruendos. Un hombre pone un pie tras otro y levanta una fina nube de polvo en la calle del río, una mujer recoge una hogaza de pan cateto en la panadería y pellizca una mijilla, el camión de la basura pasea silencioso su cuba por la plaza de la Villa, JF Rubiales coloca sus avisos sobre las paredes habituales... Todo parece rodado para una película, para vencer con silencio la resaca de tres días de estruendo provocadas por el festival Ojeando, hasta las obras de la calle rosal parecen sordas en esta mañana de martes. Aspiro profundamente la tranquilidad que emana de la Villa y la guardo para otro momento, para otro lugar, para otra situación en la que haga falta recuperar este tranquilo confort... Inspiro...
lunes, 3 de septiembre de 2007
ECO DEL OJEANDO III
Tendría algo más de setenta años. Se paraba, apretaba los dientes y se tapaba los oídos con el dedo anular, semicerraba los ojos y así, de esta guisa, y vestida de rosa palo, pasaba, casi corriendo por delante del escenario de la plaza donde cuatro chavales aporreban parches y guitarras haciendo versiones de ACDC. El resto del público coreábamos los estribillos y algún valiente incluso levantaba la mano haciendo cuernos. La música que no amansa a las fieras. Antes habíamos degustado amargos zumos de cebada en solitario y en buenas compañías, adquirido alguna marroquinería que lucir,visitado los múltiples escenarios en los que se desarrollaba el festival y comido shawarma picante de pollo para silenciar a los estómagos hambrientos. También habíamos saludado a nuevos buenos amigos entre apretones de mano, presentaciones y abrazos. Rematamos el día festero, que comenzó sobre la una del mediodía, sintiendo la sorpresa del pellizco del frío nocturno en la piel mientras escuchábamos la Gomes Trío Band, transformada en Cuarteto y que interpretaron algunos clásicos de jazz como Sidewinder o Caravan. Luces como guirnaldas iluminaban la cueva mientras el olor a pincho moruno y el retumbar del contrabajo en lo más profundo del estomago aconsejaron la retirada. Hoy, imagino vivirá con algo de resaca, entre el aseo de sus calles y la recomposición de sus lugares. Algun@s vecin@s respiraran aliviados y se quitarán los tapones d elos oídos para dormir, otros, quizá la señora vestida de rosa palo, eche de menos a los peludos que le hicieron reverdecer el cuerpo, qui lo sa.
domingo, 2 de septiembre de 2007
ECO DEL OJEANDO II
- Paulina Rubio.
- No, no es...
- ¿Shakira?
- Eso, eso...
Acertijos, cábalas, adivinaciones con los ojos fijos en el techo y la luz de luna que entra a través del velux. Atruena la mixtura de músicas y Paulina y Shakira se confunden con Grease, y con los sones latinos modernos... Y con una gallo que canta y todo lo interrumpe y mezcla. Observamos el Ojeando desde lejos, desde esta altura del Chifle. Vemos las hormiguitas humanas contonearse bajo los techos falsos de tela verdiblanca, casi podemos dibujar en el aire los trazos de la música que asciende desde el centro y que se diluye sierra arriba. El gallo vuelve a cantar haciendo coros a las niñas de moda y el olor de pinos mediterráneos entra por la ventana. Refresca en la noche ojeneta, lo agradezco. Ahora, en la mañana, todo silencio y sueño.
- No, no es...
- ¿Shakira?
- Eso, eso...
Acertijos, cábalas, adivinaciones con los ojos fijos en el techo y la luz de luna que entra a través del velux. Atruena la mixtura de músicas y Paulina y Shakira se confunden con Grease, y con los sones latinos modernos... Y con una gallo que canta y todo lo interrumpe y mezcla. Observamos el Ojeando desde lejos, desde esta altura del Chifle. Vemos las hormiguitas humanas contonearse bajo los techos falsos de tela verdiblanca, casi podemos dibujar en el aire los trazos de la música que asciende desde el centro y que se diluye sierra arriba. El gallo vuelve a cantar haciendo coros a las niñas de moda y el olor de pinos mediterráneos entra por la ventana. Refresca en la noche ojeneta, lo agradezco. Ahora, en la mañana, todo silencio y sueño.
sábado, 1 de septiembre de 2007
ECO DEL OJEANDO
Esta mañana he encontrado un Eco del Ojeando dentro de la cafetera. Estaba allí, calentito y adormilado. Roncaba ligeramente. Le he cogido con al punta de los dedos, me lo he puesto sobre la palma, he abierto la ventana y he soplado. Allí se ha ido, revoloteando, en busca de otro lougar donde cobijarse hasta esta noche. Imagino que ese Eco del Ojeando se colaría ayer noche por alguno de los veluxes. Con los ojos abiertos, tumbado sobre la cama, veía cómo entraban por uno y salían por otro con su bullanguerío, sus notas, sus colores, sus acentos. Con su caricia apenas me quedé dormido. Y es que, emulando a Hemingway, Ojén era una fiesta ayer noche. Desde la rotonda ya se escuchaban las guirnaldas de colores que lustraban la Villa. Llegaban ecos latinos por el valle abajo recorriendo los caminos de asfalto y de tierra. El Museo del Molino, iluminado, parecía vestirese de boda Mediterránea. Algo de todo ellos se colaba por los veluxes, de esa música a colchada por al distancia, de ese sonido sordo de parrandas y sones. Tened cuidado, porque ese Eco del Ojeando que esta mañana he descubierto dentro de la cafetera podría colarse en alguna de vuestras casas...
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